
DIAFANIA
Caminar por las calles de mi pueblo
era un dulce placer irrepetible.
El corazón sonaba a campanillas
y la voz a cascabeles hechizados.
Las aves acunaban con sus trinos
la utopía de hacer cada mañana.
Había juventud...había sueños
y la aurora vivía en las miradas.
Era el mundo propicio de las hadas
que contaban los cuentos más hermosos
en los labios queridos de las nanas.
Cada árbol de la plaza era un amigo
y un balcón hacia la luz la calle larga.
En todo estaba Dios...como un espejo.
Así era mi pueblo y así es la vida
en el mágico solar de mis recuerdos.