
REGRESO
Era un duende caminando por la casa.
Un rayito de sol para mi cielo.
Tenía estrellas pintadas en el rostro
y quietud de manantial en la mirada.
Su voz era un concierto de chicharras
y un juncal recién nacido sus cabellos.
Como vuelo de gaviotas sus manitos,
con ternura de algodón, me acariciaban.
Fue bonita esa infancia, entre sonrisas.
Fueron lindas las siestas estivales,
preparando , con aguja y fantasías,
el ropaje especial de carnavales.
Chascomús lo hizo un hombre y el destino
lo llevó lejos de mí. Pero ha venido
en los ojos color tiempo de Juanito
y en la risa de Javier. Así ha venido.